La industria aérea es responsable del 2,5% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) del planeta, según datos de la Universidad de Oxford.
A su vez, las emisiones de los aviones, por kilómetro recorrido por pasajero, resultan las más altas respecto al resto de medios de transporte.
Descarbonizar el sector aéreo y toda su infraestructura es necesario, pero no resulta una tarea sencilla.
La electrificación de los aviones no es viable y aún, no hay combustibles alternativos que sean escalables comercialmente.
No obstante, el sector aéreo está en ello y, en estos momentos, es el sector del transporte que más ha logrado reducir la huella de carbono por pasajero en las últimas décadas, gracias, principalmente, a la reducción del consumo de combustible.
El camino hacia su descarbonización está en marcha, a falta de lograr mayores avances en innovación tecnológica, que permitan una transformación sostenible, eficiente y competitiva del sector.
El camino de la descarbonización del sector aéreo
La electrificación de los aviones mediante baterías es, hoy por hoy, inviable. La baja densidad de estas hace que sean necesarias baterías de cientos de toneladas para proporcionar la energía necesaria, lo que impediría a los aviones levantar el vuelo.
Así, las soluciones alternativas pasan por los biocombustibles y el hidrógeno.
Los biocombustibles, derivados de materia orgánica (desechos agrícolas, aceites usados o residuos sólidos urbanos) vienen usándose en aviación desde el 2016, siempre mezclados con combustibles fósiles.
Hoy en día, son más de 60 compañías aéreas las que trabajan por mejorar la eficiencia y escalabilidad de estos combustibles sostenibles o SAF, a través de la coalición Clean Skies for Tomorrow, para lograr que su uso sea económicamente viable para todos los operadores a partir de 2030.
En este camino hacia la descarbonización del sector aéreo, también se está valorando, a largo plazo, las posibilidades del hidrógeno verde como alternativa renovable. De hecho, existen ya compañías aéreas que están trabajando en ello.
Así, Airbus y Linde están trabajando juntas para desarrollar infraestructuras de hidrógeno para aeropuertos.
Se trata de una cooperación en las cadenas de suministro global de este gas renovable, desde su producción hasta el almacenamiento en los propios aeropuertos.
En España, la operadora de los aeropuertos españoles, AENA, tiene el objetivo de convertirse en un operador de aeropuertos neutral en carbono en el año 2026, para alcanzar el Cero Neto en 2040, diez años antes al compromiso global del sector aéreo.
Para alcanzar este objetivo, AENA ha puesto en marcha su estrategia de sostenibilidad, con la que invertirá 750 millones de euros hasta 2030.
Parte de esta inversión irá destinada a la construcción de tres plantas de geotermia y una de biogás.
La planta de biogás se situará en el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas y las tres plantas de geotermia estarán ubicadas en Madrid, Barcelona-El Prat, y Palma de Mallorca.
Estas plantas, junto a la instalación de fotovoltaica, tienen el objetivo de abastecer de energía para autoconsumo a las instalaciones de los aeropuertos.
En lo referente a la propulsión de aeronaves, AENA tiene claro que el uso del hidrógeno verde requiere del avance de la I+D. Para ello, está trabajando al respecto, con la idea de formar hubs de hidrógeno, donde el aeropuerto puede convertirse en un punto de suministro e incluso de producción de este gas renovable, tanto para el abastecimiento de combustible para aeronaves, como para los vehículos terrestres, equipos, etc.
La idea de esta empresa semipública es la de integrar progresivamente el hidrógeno como suministro energético en sus propias instalaciones.
El empleo de biocombustibles sostenibles en los aviones es otra de las acciones puesta en marcha por AENA, participando en el programa coalición Clean Skies for Tomorrow, ya que se trata de una tecnología madura a la espera de su disponibilidad a escala de producto.
El avance, en este sentido, está siendo positivo, habiéndo realizado ya algunos primeros vuelos con esos nuevos biocombustibles sostenibles.
Biometano y electricidad para el aeropuerto de Bangalore (India)
Un ejemplo particular de autoabastecimiento energético para la infraestructura de un aeropuerto lo tenemos en el proyecto desarrollado para el aeropuerto de Bangalore (India).
Este proyecto desarrollado por la ingeniería energética valenciana Genia Bioenergy, ha consistido en la construcción de una planta de smallbiogas para la producción de biometano y electricidad a partir de los propios residuos orgánicos generados en las instalaciones (restos de catering de los vuelos, los biorresiduos de las cocinas y restaurantes, los lodos de la depuradora del aeropuerto o cualquier otro residuo orgánico).
Los residuos orgánicos, previa separación del material orgánico respecto de otros residuos de envases para lograr una pureza de sustrato del 95%, son procesados mediante digestión anaerobia (biometanización) para la obtención del biometano.
La planta de smallbiogas es capaz de producir 14.625 MW/h de energía total para proporcionar electricidad mediante un motor generador de 500 kW y biometano comprimido (bio-GNC) para su uso como combustible en los vehículos del aeropuerto.
Una solución sostenible y de economía circular a la gestión de los residuos orgánicos generados en estas grandes infraestructuras y a la producción de energía renovable para el autoconsumo.
Este modelo de planta de biogás integrada permite, además, la optimización de costes y eficiencia.
Un ejemplo más de los avances que se están sucediendo en el camino hacia la descarbonización de las grandes infraestructuras aéreas, donde los gases renovables, como el biometano o el hidrógeno verde, juegan un papel destacado.