La industria alimentaria es un sector esencial para la sociedad, pero también es uno de los mayores generadores de biorresiduos que existe. Debido a esto, se enfrenta el reto de una gestión sostenible de los residuos para evitar o reducir el impacto ambiental que generan.
La conversión de los biorresiduos en energía renovable representa una solución sostenible y eficiente a este problema, alineándose además con los principios de la economía circular.
Tipos de biorresiduos de la industria alimentaria
Los biorresiduos de la industria alimentaria varían ampliamente e incluyen desde restos vegetales hasta subproductos animales.
Los residuos vegetales, como peladuras de frutas y verduras, son comunes en las fábricas de procesamiento de alimentos.
Los residuos de la producción de aceite, como el orujo de oliva, son significativos en regiones productoras de aceite.
Y se dan también biorresiduos procedentes del desperdicio de carne y pescado, así como de la industria láctea y de cereales.
Un tipo especial de biorresiduo son los SANDACH (Subproductos Animales No Destinados al Consumo Humano), que engloba a todos aquellos materiales de origen animal que no se destinan a la alimentación humana, incluyendo partes específicas de animales sacrificados que son aptas para el consumo, pero no se utilizan por razones culturales o comerciales, así como productos derivados de animales enfermos o muertos por otras causas que no sean el sacrificio. Este tipo de biorresiduo se encuentra sujeto a una normativa específica para su gestión que garantiza la seguridad alimentaria.
La correcta identificación y clasificación de los biorresiduos es fundamental para su posterior tratamiento y valorización energética.
Aspectos normativos en la gestión de los biorresiduos
A fin de evitar riesgos para la salud de las personas y el medioambiente, desde la Unión Europea se han marcado unas directrices que deben seguir los Estados miembros para llevar a cabo una correcta gestión de los biorresiduos.
Esto lo podemos ver reflejado, por ejemplo, en el artículo 2 del Reglamento (CE) n.o 178/2002 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 28 de enero de 2002, donde se establecen los principios y los requisitos generales de la legislación alimentaria, se crea la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria y se fijan procedimientos relativos a la seguridad alimentaria y a los alimentos que se han convertido en residuos.
En el caso de España, la Ley 7/2022, de 8 de abril, de Residuos y Suelos Contaminados para una economía circular es la norma que regula la gestión de residuos. En esta norma hay incluido un artículo dedicado a la reducción de la generación de residuos alimentarios, que es uno de los objetivos europeos respecto a la industria alimentaria.
Esta ley trata de fomentar buenas prácticas en todas las etapas de la cadena alimentaria y establece la obligación de disponer de un plan de prevención de las pérdidas y desperdicios. También establece una jerarquía de prioridades en este sentido:
- Prioridad máxima: el consumo humano, a través de la donación o redistribución de alimentos.
- En segundo lugar, la transformación de los alimentos en otros productos, tales como zumos o mermeladas, etc.
- En tercer puesto de la jerarquía, la alimentación animal y la fabricación de piensos, el uso como subproductos (residuos) en otra industria y la obtención de compost, biogás o biocombustibles.
Por su parte, los SANDACH están sometidos a una normativa específica, en cuanto a su tratamiento. Estas son el Reglamento (CE) Nº 1069/2009, del Parlamento Europeo y del Consejo, y el Reglamento (UE) nº 142/2011, de la Comisión Europea.
Todas estas normativas establecen un marco legal para la correcta gestión de los biorresiduos, asegurando que las prácticas adoptadas sean seguras para la salud de las personas y respetuosas con el medio ambiente.
La gestión circular de los biorresiduos
La gestión circular de los residuos implica su puesta en valor a través de la reutilización, el reciclaje y la valorización energética. Si, además, nos encontramos con una normativa cada vez más estricta, esto se traduce en importantes obligaciones para la industria alimentaria.
Esta se ve empujada a reestructurar su funcionamiento para reducir al mínimo los biorresiduos generados, a través del reciclaje o su transformación en energía renovable, como el biogás o el biometano, cerrando el ciclo de los recursos naturales.
Un esfuerzo que, a su vez, aportará una serie de beneficios a la industria alimentaria, tales como una mejor imagen de cara a los clientes y sociedad, el desarrollo de tecnologías y procesos más limpios y seguros, un mejor aprovechamiento de los recursos disponibles y la posibilidad de poner en marcha nuevas líneas de negocios basadas en la transformación de los propios biorresiduos.
Una de las tecnologías clave para la gestión circular de los biorresiduos es la digestión anaerobia, la cuál permite su transformación en biogás y enmiendas orgánicas, asegurando la valorización de estos residuos.
Transformando los biorresiduos en biogás y enmiendas orgánicas
La conversión de biorresiduos en biogás mediante digestión anaeróbica es un proceso eficiente que ofrece múltiples beneficios.
El biogás generado puede utilizarse para producir electricidad, calor, o ser transformado en biometano (upgrading) para su uso como biocombustible o su inyección en la red gasista, contribuyendo a la diversificación energética y a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Además, el digestato generado durante el proceso de digestión anaerobia puede utilizarse como enmienda orgánica o biofertilizante, mejorando la calidad del suelo y reduciendo la necesidad de fertilizantes químicos. De esta forma, no solo se están valorizando los biorresiduos, sino que también se promueven prácticas agrícolas más sostenibles.
La instalación de plantas de biogás para la industria alimentaria se ha ido extendiendo, permitiendo al sector aprovechar los beneficios económicos que supone un mejor aprovechamiento de los recursos y la obtención de bioenergía, así como el cumplimiento de la normativa vigente en cuanto a la gestión de residuos y a la reducción de la contaminación y el impacto ambiental que genera su actividad.
El ejemplo de Vicky Foods
Un ejemplo destacado de valorización de biorresiduos es el proyecto implementado por Vicky Foods, en colaboración con la plataforma The Green Vector.
Este proyecto busca transformar los biorresiduos generados por los centros productivos de esta compañía alimentaria en biometano y enmiendas orgánicas, demostrando el potencial de la economía circular en la industria alimentaria.
De esta forma, la compañía Vicky Foods garantiza una gestión sostenible de sus biorresiduos, contribuyendo a alcanzar su objetivo de residuos cero.
Un proyecto que marca el camino hacia la sostenibilidad y la valorización de los biorresiduos al resto de la industria alimentaria.
La transformación de biorresiduos de la industria alimentaria en energía y otros subproductos representa una oportunidad significativa para avanzar hacia un modelo de producción más sostenible. La implementación de prácticas de gestión circular y el aprovechamiento de tecnologías como la digestión anaeróbica pueden contribuir significativamente a la reducción de residuos, la generación de energía renovable, y la mejora de la sostenibilidad ambiental. Proyectos como el de Vicky Foods muestran el camino a seguir para lograr una industria alimentaria más resiliente y respetuosa con el medio ambiente, subrayando la importancia de integrar perspectivas sostenibles y económicas en la gestión de biorresiduos.
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