Tecnología para hacer frente al desperdicio alimentario

Tecnología para hacer frente al desperdicio alimentario

A nivel mundial, la cifra de desperdicio de alimentos es de 931 millones de toneladas cada año.  Un desperdicio que es responsable del 10% de los gases de efecto invernadero, según la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Además, según datos de la FAO, si se aprovechara la comida que acaba siendo desperdicio alimentario, se podría alimentar a más de dos mil millones de personas y se podría solventar la subalimentación a nivel global.

Algunos países europeos están tomando conciencia de este grave problema y quieren poner en marcha medidas y leyes que resuelvan esta situación.

En este sentido, las medidas necesarias a poner en marcha deben servir para evitar que el excedente alimentario se convierta en un residuo y, a su vez, potenciar la reutilización y el reciclaje de los residuos de alimentos que se generen. Solo así, se estaría en línea con el objetivo 12.3 (ODS) de la Agenda 2030: reducir a la mitad el desperdicio alimentario per cápita.

 

La nueva ley contra el desperdicio

En España, recientemente, ha entrado en vigor la nueva Ley de Prevención de las Pérdidas y el Desperdicio Alimentario.

Se trata de la primera regulación sobre esta materia en el país y su objetivo es reducir los desechos de alimentos sin consumir y favorecer su aprovechamiento.

Unos objetivos que tienen como referentes datos del 2020, donde los desechos de alimento desde los hogares españoles fueron equivalentes a 1.364 millones de kilos/litros de alimentos, una media de 31 kilos/litros por persona.

La nueva ley trata de fomentar buenas prácticas desde los productores primarios, en la fase de cosecha y recolección de los alimentos, hasta los consumidores, bien en el hogar o en bares y restaurantes, ya que el desperdicio de alimentos se produce a lo largo de todas las fases de la cadena.

Para ello, la ley establece que todos los agentes de la cadena alimentaria tienen la obligación de disponer de un plan de prevención de las pérdidas y el desperdicio. 

El objetivo es que las empresas de la cadena hagan un autodiagnóstico de sus procesos productivos, identifiquen dónde se producen las pérdidas de alimentos, fijen medidas para minimizarlos y se destinen a otros usos, para los que se fija una jerarquía de prioridades.

 

Jerarquía de prioridades

La jerarquía de prioridades de uso de los alimentos, antes de ser desperdiciados, apela al destino que los agentes de la cadena alimentaria deberán dar a los alimentos para evitar su desperdicio.

La prioridad máxima será siempre el consumo humano, a través de la donación o redistribución de alimentos.

Esta donación deberá hacerse a través de convenios de colaboración con empresas, entidades de iniciativa social y otras organizaciones sin ánimo de lucro o bancos de alimentos.

La siguiente prioridad será la transformación de los alimentos que no se hayan vendido, pero que mantengan sus condiciones óptimas de consumo, en otros productos, tales como zumos o mermeladas, etc.

Si los alimentos ya no son aptos para el consumo humano, la preferencia de uso será, por este orden, la alimentación animal y fabricación de piensos, el uso como subproductos (residuos) en otra industria y la obtención de compost, biogás o biocombustibles.

El desperdicio de alimentos es consecuencia de un funcionamiento ineficiente de los sistemas alimentarios. Sus causas están relacionadas con errores en la planificación y calendario de cosecha, empleo de prácticas de producción y manipulación inadecuadas, deficiencia en las condiciones de almacenamiento, malas técnicas de venta al por menor y prácticas de los proveedores de servicios, y comportamiento inapropiado de los consumidores.

Con esta nueva ley se pretende orientar hacia un sistema de producción más eficiente, enfocado hacia la economía circular. Ahora bien, para que su aplicación tenga éxito, necesitará de la implicación del conjunto de la cadena alimentaria y de la sociedad en general.

 

Tecnologías para evitar el desperdicio de alimentos

La automatización de líneas de producción o la digitalización de los procesos productivos son aspectos tecnológicos que contribuyen a reducir el desperdicio de alimentos.

Por un lado, están las tecnologías de inspección, aplicadas a procesos de fabricación de productos alimenticios y envases, que pueden detectar y corregir lo antes posible cualquier defecto o problema que pueda darse, y resultan claves en las líneas de producción.

Por otro lado, está la llamada agricultura de precisión que permite, entre otros aspectos, conocer a tiempo real el grado de madurez o el control de plagas y ayudan a reducir el porcentaje de producto de rechazo.

También hay que contar con la aplicación de tecnologías digitales que permiten una mayor colaboración entre los eslabones de la cadena de valor y un mejor control del producto, logrando una cadena alimentaria más segura y eficiente, y un menor desperdicio de alimentos.

A todo esto, se le suma otro aspecto tecnológico clave, la mejora de los procesos para aumentar la calidad y conservación de los alimentos.

El desarrollo, por ejemplo, de envases seguros para alimentos permite alargar su vida útil. Algunos ejemplos, en este sentido, son los envases activos o inteligentes o los envases recerrables, que permiten conservar mejor los productos una vez abiertos.

En cuanto a los subproductos y residuos que finalmente se generan, la opción tecnológica que se plantea es la valorización sostenible para la obtención de bioproductos y energía. 

Estos subproductos o residuos orgánicos contienen carbohidratos, proteínas y lípidos, que pueden servir como materias primas para el desarrollo de nuevos bioproductos.

Algunos ejemplos de esta valorización desarrollados por AINIA son prototipos de bolsas de basura, films para agricultura y envases cosméticos, a partir de un bioplástico obtenido de residuos orgánicos.

Con esta valorización se contribuye a reducir la contaminación ambiental y la transición hacia una economía circular.

 

La producción de biogás en la valorización de los desperdicios de alimentos

Dentro de las opciones de valorización de residuos de alimentos se encuentra la valorización energética.

Esta valorización energética consiste en someter a estos residuos a un proceso de digestión anaerobia (en ausencia de oxígeno) que permite generar biogás y evita las emisiones de metano a la atmósfera.

Este proceso se lleva a cabo en plantas de biogás, haciendo uso de digestores. El biogás que se produce puede luego utilizarse para generar electricidad o calor, o bien como biocombustible.

Un ejemplo de este tipo de plantas de biogás para la gestión de residuos orgánicos procedentes de la industria alimentaria y la agricultura lo tenemos en las plantas de biogás para autoconsumo, donde el biogás producido se utiliza para consumo propio y, además, se obtienen los digestatos, que pueden aprovecharse como compost o fertilizantes orgánicos.

Este tipo de plantas constituyen una solución más para contribuir a reducir el desperdicio alimentario, acorde al modelo de economía circular.

Desde Biogás Industrial podemos asesorarte sobre el tipo de planta de biogás que mejor se adapte a tus necesidades.